todos contra el canon

Canon y Nikon no llaman por teléfono

Incluso los líderes mundiales han sucumbido a la costumbre de utilizar el teléfono inteligente para hacer fotografías compulsivamente. Se calcula que cada año se capturan 1,6 billones de imágenes con estos aparatos, frente a los 100.000 millones de los momentos cumbre de la fotografía analógica. Pero, más allá de la cifra, hay un hecho que tendemos a olvidar: no hace tanto las fotografías domésticas se tomaban con cámaras de pequeño formato denominadas compactos, no con teléfonos.

Ahora esta gama de aparatos, que en los últimos años han perdido entre el 30% y el 40% de las ventas, están a punto de desaparecer. Hay que opinan que su despedida podría ser también el de algunas compañías clásicas del mundo de la fotografía como Canon y Nikon, los beneficios de las cuales dependen en algunos casos hasta un 78% de las ventas de cámaras.

Los fabricantes intentan compensar este hundimiento apostando fuerte por las impresoras, las fotocopiadoras y las cámaras de gama alta y óptica intercambiable, que, a pesar de que tienen ventas muy menores, dan más márgenes de beneficio, entre el 15% y el 20%. Pero la crisis de las economías emergentes, las principales compradoras, podría ponerlos en una situación muy delicada.

Breve época dorada

La primera década del siglo XXI fue la época dorada de las cámaras digitales de gama baja, con ventas espectaculares que hicieron que las compañías tradicionales de fotografía analógica no sólo no se hundieran con el cambio de tecnología, sino que incluso se enriquecieran más. Canon, Nikon, Minolta y otros fabricantes de larga tradición supieron hacer el salto al mundo digital y los usuarios los recompensaron.

Crearon dos rangos de tecnologías y precios: para los profesionales de la fotografía lanzaron los modelos réflex, cámaras muy completas, con ópticas intercambiables y sensores de gran calidad el precio de las cuales estaba siempre por encima de los 1.500 euros. Para el mercado doméstico diseñaron cámaras de bolsillo simples, ligeras y de ópticas fijas, que no daban grandes fotografías pero satisfacían las necesidades del usuario mediano y, además, se podían traer cómodamente encima. Las denominaron compactas y fueron un éxito absoluto, puesto que el rango de las rèflex resultaba entonces demasiado caro y, en cambio, estas no pasaban de los 300 euros. Quizás la gama más emblemática fue la Digital IXUS de Canon. Sin embargo, la misma década que las puso al trono como uno de los dispositivos más vendidos año tras año propició el nacimiento de quien acabaría siendo su asesino: el iPhone y, por extensión, el resto de smartphones.

Evolución constando

Los primeros teléfonos que incorporaban cámaras se limitaban a tomar imágenes con su óptica de bajo nivel y almacenarlas a la memoria. La única manera de compartirlas entonces era o bien enseñarlas en la cámara del teléfono o mediante un cable que las pasaba del teléfono a un ordenador, y de aquí en internet. Pero la mejora progresiva de los teléfonos implicó tener cámaras digitales incorporadas cada vez de una calidad más buena, hasta casi igualar las condiciones de las compactas. De este modo, quien tenía un smartphone de gama alta poseía una cámara compacta incluida. La igualdad entre los dos aparatos se rompió por primera vez con la aparición de la iPhone, un dispositivo capaz de captar y mostrar imágenes de buena calidad y definición, y compartirlas por la red móvil.

Todo de una, la cámara compacta pareció una incomodidad. ¿Quién necesitaba otro aparato con las mismas funciones que el móvil y que ocupaba espacio al bolsillo? Mientras nacían y triunfaban servicios como Instagram y WhatsApp, para compartir instantáneas presas desde smartphone, las compactas seguían necesitando un cable, o el cambio de tarjeta SD, para poder volcar las imágenes a un ordenador.

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